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Metodistas unidos recuerdan cómo el campamento de la iglesia cambio sus vidas

Hay muchas formas de acercarse más a Dios en un campamento. Foto por Kathleen Barry, Comunicaciones Metodistas Unidas.
Hay muchas formas de acercarse más a Dios en un campamento. Foto por Kathleen Barry, Comunicaciones Metodistas Unidas.

¡Los campamentos metodistas unidos son divertidos! Unas noches fuera de casa, durmiendo en una carpa y nadando en el lago. Deslizarse por la tirolina (zip line), escalar montañas, azar malvaviscos, aprender nuevas habilidades y hacer nuevas amistades. ¡Es maravilloso!

El campamento de iglesia también es el lugar en el que muchos metodistas unidos tienen encuentros espirituales profundos. Sentir la presencia de Dios durante una caminata matutina. Aprender del amor de Dios en un devocional en una canoa. Sentir el abrumante poder del Espíritu Santo alrededor de una fogata en la noche. Estos momentos con Dios cambian la vida.

Hiking at camp can lead to an encounter with Jesus.

Una caminata a un devocional en la primera mañana de campamento fue el primer paso que Sara Shaw dio en una larga marcha de toda la vida con Jesús. Foto por Kathleen Barry, Comunicaciones Metodistas Unidas.

Dios está aquí

“Cuando tenía doce años, fui por primera vez a un campamento, y estaba aterrorizada”, recuerda Sara Shaw, coordinadora del Ministerio de Campamento de la Conferencia Metodista Unida Great Plains. La razón principal para asistir al campamento fue que “era un campamento con caballos, y me encantan los caballos”.

Durante la primera noche, cuando el sol se ponía y el mundo se ponía oscuro, empecé a extrañar mi casa. Una consejera llamada Patty leyó la Biblia a los campamentistas. “Debió leer y leer hasta que me quedé dormida”, dice Shaw. “Al levantarme en la mañana, estaba tan entusiasmada. Me dije: ¡Lo logré!”

Esa mañana mientras caminaba por el campamento en dirección a la capilla, Shaw tuvo una epifanía de la presencia de Dios. “Buscaba un campanario. Buscaba un edificio”, recuerda. “Llegamos a un claro con un anfiteatro al aire libre”. Había una cruz y una fogata. Los devocionales no eran realizados por un pastor sino consejeros. “Mientras estaba allí sentada, me inundó una calidez, una calma y paz”.

“Me acuerdo de que mire a los árboles y la luz del sol brillando y el viento susurrando por las hojas. Fue en ese momento que conocí a Cristo. Fue en ese momento que supe que estaba donde debería estar. Fue allí donde me di cuenta de que no estaba sola”, recuerda Shaw. “Sea que estuviese en el medio de un bosque, en un campamento, en casa, en la escuela, en una excursión o montando a caballo, Cristo estaba conmigo”.

Hoy Shaw coordina los ministerios de seis campamentos metodistas unidos en Kansas y Nebraska para ayudar a que otras personas tengan experiencias similares.

Christmas Institute is a popular camp in the Philippines.

Kevin John Maddela asistió a su primer Instituto de Navidad cuando tenía doce años. Ahora es uno de sus líderes. Foto cortesía de Kevin John Maddela.

Decidí seguir a Jesús

Kevin John Maddela asistió a su primer Christmas Institute cuando tenía doce años. Este instituto es un campamento dirigido por jóvenes en las Filipinas y empieza el día después de la Navidad.

“El Instituto de Navidad es un evento especial para mí, y siempre tendrá un lugar especial en mi corazón”, nos dice. “Fue durante este instituto que decidí seguir a Jesús”.

“Para muchos jóvenes en las Filipinas, la experiencia se parece a la experiencia de sentir una calidez en el corazón como la que tuvo Juan Wesley”, nos explica. “Nos brinda una avenida para tener un encuentro profundo con Dios”.

Maddela ha servido en el equipo de liderazgo de estos institutos, y nos recuerda cómo los estudios bíblicos, las actividades y las sesiones de trabajo brindan oportunidades para que los jóvenes “disciernan su llamamiento divino y puedan comprender la Palabra de Dios para cada uno, en un espacio que lleva a la convicción espiritual”.

Llamados a servir

Rachel Palmer no tenía idea del plan de Dios para su vida cuando la cortadora de césped que estaba manejando terminó cayéndose al estanque o charco del campamento Wide Water. Después de años asistiendo todos los veranos al campamento, a los 17 años Palmer empezó a trabajar en el campamento. El trabajo no siempre fue fácil, pero sabía que allí ocurría algo especial.

Años después, cuando el director del campamento anunció que se jubilaba, Palmer lo llamó para felicitarlo. Durante la conversación, le preguntó si quizá podría llegar a ser la nueva directora. En la conversación, el director le compartió que estaba pensando en una persona perfecta para el cargo. De modo que, ella no volvió a mencionar el asunto.

Church camp is fun!

¡El campamento de la iglesia es divertido! Foto por Kathleen Barry, Comunicaciones Metodistas Unidas.

Después de varios días, ella todavía sentía el deseo. Así que, llamó otra vez. Ocurrió que “¡la persona en la cual él estaba pensando era yo!”

Palmer ahora trabaja duro para asegurar que el ministerio continúe y florezca. Cuando el campamento para gente con limitaciones en movilidad perdió su financiamiento, Palmer dirigió una campaña que levantó $13,000. También empezó un programa para después de las horas de escuela con su esposo, una maestra de enseñanza media y un experimentado obrero de mantenimiento para la estación en el campamento Wide Water. Más de la mitad de los niños que asisten han entregado sus vidas a Cristo. “No hay obstáculo que sea demasiado grande para Dios”, nos dice.

Palmer y su esposo “se sienten cerca de Dios” en el campamento Wide Water. Fue allí donde se conocieron. “Cuando la cortadora de césped se me cayó al charco, Tom la reparó”.

Encuentros con Dios

Para muchos metodistas unidos, los campamentos de la iglesia tienen un lugar especial en sus corazones. Durante una semana en el campamento, crecieron como personas y en su fe. En un momento especial del campamento, conocieron a Jesús o sintieron el primer llamado al ministerio. A la vez que se divertían y hacían nuevas amistades, también empezaron una caminata más profunda con Cristo, la cual continúa enriqueciendo sus vidas hasta el día de hoy.

Joe Iovino trabaja en UMC.org, en Comunicaciones Metodistas Unidas. Contáctese usando el email: [email protected] o llamando al 615.312.3733