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Esperando en el desierto de la vida

El desierto es una metáfora para un lugar de transición
El desierto es una metáfora para un lugar de transición

¿Qué hace un pastor o pastora metodista unida cuando se siente miserablemente en lugar donde ministra? (esto ocurre más de lo que quisiéramos admitir…)


Nombramiento: El cargo o función a la cual una persona del clero es asignada por un obispo u obispa.


Bueno, uno podría orar para obtener un renovado sentido del corazón o espíritu, para entonces esperar en el Señor. O supongamos que otra opción sea uno mismo encargarse del problema y tratar de que pase algo.

Cuando estuve en esta situación opté por hacer algo yo mismo, y no resultó ventajoso para mí.

En lugar de orar y ser paciente, traté de hacer que ocurriesen ciertas cosas, lo que culminó en una de las peores reuniones que haya tenido con un obispo (no que haya tenido muchas reuniones con obispos, para empezar). Cuando salí de la oficina del obispo, lo único que podía pensar fue en ese estúpido meme (y tropo de película) Record Scratch Freeze Frame: “Probablemente te preguntas cómo llegué aquí…”

Terminé en esa situación por mi impaciencia, desesperación y mi deseo de controlar las cosas. Me metí en un lío porque decidí tomar las cosas en mis propias manos. Al mirar atrás veo que si hubiera actuado con paciencia, las cosas habrían sido muy diferentes.

El viaje que vino después de esta crisis fue doloroso y nervioso –me quedé atascado en un lugar de transición. La Biblia lo llama “el desierto”. Muchos en la Biblia conocieron este lugar:

Abraham recibió la promesa de un hijo pero tuvo que esperar mucho tiempo hasta el nacimiento de Isaac.

Tomo tiempo para que los israelitas llegaran a la tierra prometido después de haber sido liberados de Egipto.

David fue ungido como rey pero no asumió de inmediato su papel de rey.

Jonás tuvo que estar en la panza del pez por un tiempo.

El hijo pródigo estuvo tiempo fuera de casa hasta que recobró la sensatez.

El viaje de Pablo a Damasco y la forma en que llegó a ser Pablo.

El bautismo de Jesús antes de empezar su ministerio.

Pero fue durante esta transición –el desierto– donde realmente me encontró con Dios. Fue un espacio que no admitía tiempo ni espacio para las mentiras y las fachadas. Fue un lugar donde llegué al fin de mí mismo, donde me di cuenta que me había metido en un lío del cual no podía salir por mí mismo.

Fue en ese momento que paré de pelear y le pedí ayuda a Dios.

Richard Rohr habla de cómo se describe la resurrección. Nos habla de cómo Adán y Eva no tenían el poder de salir de la tumba. La única salida era que Jesús los jalase fuera sujetándolos por las muñecas.

Me metí en un lío y la única forma de salir de él era por la gracia de Jesucristo.

Después de semanas de una tremenda ansiedad, finalmente admití que no tenía el poder de hacer algo por mí mismo. Lo traté todo por mí mismo y no logré nada que no fuera hundirme más.

Entonces me detuve y oré: “Lo he tratado todo y nada funciona. Por favor, ayúdame”.

Y extrañamente sentí paz. Me levanté al otro día todavía ansioso, pero notablemente menos ansioso que antes. Esperé. Oré. Y esperé. Algunas veces me sentía que moría porque no pasaba nada. Pero un día, el teléfono sonó y las cosas empezaron a funcionar. Empecé a ver la luz al final del túnel.

Sentí que había entrado al desierto con un tremendo ego, pero el tiempo que pasé en el desierto me quebrantó. Cuando finalmente le pedí ayuda a Dios, Dios me levantó y me reconstruyó en la forma en que él quería que fuese.


Me encanta la manera que Marcos escribió de Jesús cuando estuvo en el desierto: “Estaba entre las fieras, y los ángeles le servían” (Mr. 1:13b). Incluso en el desierto, Dios no desamparó a Jesús.

Sentí lo mismo. Mis “ángeles” vinieron en la forma de mis amigos ofreciéndome palabras de apoyo y ánimo, y diciendo “¿Cómo podemos ayudarte?”

Dios nunca reveló su presencia por medio de grandes milagros. El cielo no se abrió y no oí una voz resonante desde el cielo. Dios me recordó a través de otros: Una reunión en una cafetería o restaurante mexicano, o una tarjeta Pei Wei con un respetable monto de dinero.

Nunca tuve mucho dinero o posesiones, pero tuve gente. Siempre tuve gente que ayudara, una nube de testigos. Era rico en amistades y amor.

En el desierto hay muchas fieras, pero también ángeles.

Aprendí una dura lección sobre el ego y el orgullo. Pero con esta lección también vino ese fuerte sentido de que la gracia de Dios abunda, incluso cuando me pongo demasiado estúpido y/o arrogante. Dios no me suelta. Dios siempre ha estado conmigo y a mi favor. Dios seguirá conmigo y a mi favor para inspirarme a pesar de mí mismo.

Joseph Yoo se mudó de la costa oeste para vivir feliz en Houston, Texas, con su esposa e hijo. Sirve en Mosaic Church, Houston. Visite josephyoo.com.