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La oración es misteriosa y conexional

Para muchos, la oración es fundamental como personas de fe. ¿Pero entendemos lo que es la oración? Al desenredar la complejidad de la oración, quizá aprendamos a aceptar que es un misterio y buscar una conexión más profunda con Dios. Foto por Canva.
Para muchos, la oración es fundamental como personas de fe. ¿Pero entendemos lo que es la oración? Al desenredar la complejidad de la oración, quizá aprendamos a aceptar que es un misterio y buscar una conexión más profunda con Dios. Foto por Canva.

Cuando Linda Douty perdió a su amiga a causa de un tumor cerebral, este evento lanzó a esta metodista unida de toda una vida a un torbellino espiritual. Buscaba entender por qué las oraciones que tanta gente elevó por su amiga no lograron sanarla.

“Ella estaba en forma, tenía una vida exitosa y todas las ventajas que uno podría imaginar”, cuenta Douty acerca de su amiga que tenía unos 50 años. “Todo grupo de oración que conocía estaba orando por ella. Pero murió”.

“Un momento”, recuerda que pensó, “esto no concuerda con lo que se me había enseñado”.

Cuando compartió su confusión y angustia con su pastor, él le aconsejó: “Cuando me siento como te sientes en estos momentos, lo que hago es orar, porque Jesús oró”.

En aquel tiempo, Douty pensó que esta respuesta era “simplista”. Treinta años después, Douty, ahora que es directora espiritual en Memphis, Tennessee, no puede imaginar una mejor respuesta.

“En aquel tiempo fue una respuesta insatisfactoria”, comparte. “Pero digo que soy cristiana, una seguidora de Jesús. ¿Qué hizo Jesús? Jesús oró en toda circunstancia. Oró cuando estaba contento, cuando estaba triste, cuando estaba confuso en el Jardín de Getsemaní. Hasta oró en la cruz. De modo que, lo que sea que este misterio es, Jesús pensó que era importante.”.

Los actos de pedir oración, orar por otros, recitar oraciones juntos son cosas que se fundan en nuestra tradición de fe. Jesús lo modeló, nosotros lo imitamos. ¿Lo entendemos? Los líderes espirituales metodistas unidos nos ayudan a desenredar la complejidad de la oración. Al hacerlo, quizá nos guíen a aceptar su misterio y buscar una relación más profunda con Dios.

Oraciones no contestadas

Al igual que Douty, mucha gente lucha con oraciones que no fueron contestadas en la forma en que querían.

“Cuando la gente dice: ‘Dios no contestó mi oración’, siempre respondo: ‘Estás en buena compañía’ y después los dirijo a los Salmos de lamentación”, explica la Rev. Claire McNulty-Drewes, pastora metodista unida de la Conferencia Mountain Sky.

“Oro por milagros y creo en milagros. He visto milagros. Pero también sé que el cuerpo humano es insidioso. No sé por qué a un pequeño le da cáncer. Parece que no fuera justo. No sé por qué ocurren accidentes automovilísticos a algunas personas y no a mí”, agrega McNulty-Drewes. “Los salmos de lamentación me recuerdan que no soy la única persona que ha cuestionado si Dios existe”.

Es común pedirle a Dios algo específico.  Nuestros servicios de adoración están llenos de momentos de oración para compartir “gozos y preocupaciones”. Cuando compartimos nuestra preocupaciones, le pedimos a Dios por sanidad, empleo, seguridad, resultados positivos.

“Pensar en las oraciones como peticiones hace de la oración algo simplemente transaccional”, explica Sally Sharpe, director espiritual metodista unido en Mt. Juliet, Tennessee. “Vengo a ti porque necesito algo. Si mi oración es exitosa, obtendré lo que quiero. El entendimiento más común de la oración es transaccional. Pero me parece que la oración es más bien una experiencia, una relación”.

“La oración es una oportunidad para enraizarme en lo que es santo en lugar de lo que es terrenal”. - Rev. Claire McNulty-Drewes.

“He aprendido a no atar mi oración al resultado de obtener lo que quiero”, dice Douty. “Hace tiempo que tiré mi cuaderno de oración donde escribiría cosas como ‘este es el día en que oré por esto, y este es el día en que Dios me contestó.’ Esto convierte la oración en una agenda personal, y no deja lugar para el misterio”.

Claro que hay situaciones, por lo general en tiempos de crisis, cuando imploramos y suplicamos a Dios que responda de cierta manera a nuestras oraciones desesperadas. Es en estos momentos, dice McNulty-Drewes, que sería de ayuda replantear nuestra compresión de la oración, no importa cómo resulten las cosas.

“En lugar de tratar de que Dios cambie de parecer u obtener lo que le pedimos a Dios, lo que debemos hacer es cambiar nuestra forma de pensar”, nos dice, refiriéndose al libro The Meaning of Prayer, que fuera escrito por el Dr. Harry Emerson Fosdick hace unos 100 años atrás.

“Hoy me siento menos inclinada a decirle a Dios qué debe hacer”, admite Douty. “Si tengo una amistad que tiene cáncer, en lugar de orar que el tumor se vaya, me inclino a imaginar a esta persona completamente rodeada por el amor y la misericordia de Dios”.

La oración tiene que ver más con una relación que con resultados, nos dice Sharpe.

“Cuando somos transparentes, auténticos y reales con Dios, es allí que experimentamos el amor y la presencia de Dios”, nos dice. “De modo que, si nuestras oraciones no obtienen lo que pedimos, pero nos sentimos seguros, vistos y conocidos por Dios, esto es lo que nos capacitará a confiar en Dios incluso cuando las cosas no marchen como quisiéramos”.

Una conexión interminable

En 1 Tesalonicenses 5:17, el apóstol Pablo nos recomienda “Oren sin cesar” (NVI). Lo que podría parecer una tarea imposible de orar 24 horas se convierte en algo realizable cuando definimos la oración como una forma de ser.

Sharpe compara su vida de oración a una conversación por teléfono en la cual uno jamás presiona “fin”.

“Quizá no digamos nada por algunas horas, pero todavía estamos conectados”, dice Sharpe. “La conexión se mantiene incluso cuando paramos la conversación. Siempre estoy allí escuchando y esperando a que Dios reanude nuestra conversación o viceversa. Dios está atento y presente. Es una calle de dos sentidos”.

Oración a prueba de fallas

Si alguna vez pensó “no sé cómo orar”, le tengo buenas noticias.

“No hay manera de orar mal”, dice Sharpe. “Si usted busca a Dios y llama a Dios, entonces usted busca una conexión, y esto es ya una victoria. La oración es volverse a Dios. No hay forma de arruinar la oración. Sea usted misma. Dios siempre está abierto a lo genuino, se deleita en ello”.

“Si todos son diferentes, ¿entonces por qué creemos que sólo existe un método correcto para conectarse con Dios?”, nos dice. “Encuentre el lenguaje que exprese mejor su propia alma”.

“La oración se convierte en una oportunidad de reconfigurar mi postura día a día”, explica McNulty-Drewes, “a fin de enraizarme en lo que es santo, en lugar de fundarme en lo terrenal”.

Crystal Caviness trabaja en UMC.org, en Comunicaciones Metodistas Unidas. Contáctese con ella por email.