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Los cristianos deben luchar contra el racismo

El llamado a repasar la historia del racismo y sus efectos hoy
El llamado a repasar la historia del racismo y sus efectos hoy

En una audiencia para confirmar a Amy Coney Barrett para la Corte Suprema federal, el senador John Kennedy le respondió a la entonces senadora Kamala Harris con estas palabras:

No estamos de acuerdo. Ella [Harris] cree que América sufre de un racismo sistémico. No creo que esto sea cierto. Creo que nuestra historia es la mejor evidencia de lo que digo. No creo que seamos un país racista. Creo que somos un país que tiene algunos racistas. Pero estoy muy orgulloso del hecho de que nuestro país… en 150 años –que en el gran esquema de la vida, muerte y resurrección es tan solo un abrir y cerrar de ojos– ha transitado desde la esclavitud institucionalizada a un Presidente Africano Americano [Obama]. Hemos pasado… leyes de derechos civiles en 1869, 1871, 1957, 1961, 1965, 1990, 1991. Estoy muy orgulloso de esto.1

El senador Kennedy no es el único que piensa así. Un estudio del Pew Research indica que sólo el 26% de la gente blanca cree que el legado de la esclavitud continúa afectando la posición que la gente negra tiene en América hoy, comparado con el 59% de la población negra.2 Las estadísticas son más reveladoras cuando uno considera las opiniones religiosas. Según el Public Religion Research Institute (PRRI), el 60–70% de las iglesias blancas históricas y evangélicas protestantes rechazan la idea de que la historia de la esclavitud y la discriminación continúa influyendo la movilidad social y económica de la población negra.3

Todo esto refleja la imagen dominante que se tiene de América. Esta es una visión que afirma que América es esencialmente no racista, y que ha superado los problemas de la esclavitud y la segregación rápidamente, “en un abrir y cerrar de ojos”, según el senador Kennedy. Pero como ya lo he dicho anteriormente, esta imagen dominante oscurece los hechos, haciendo difícil el poder identificar las líneas que forman la imagen del racismo sistémico en América. Para mover nuestro enfoque de una imagen a otra se requiere un cambio de gestáltico para ver cómo las líneas forman una imagen diferente.

Cambio gestáltico: Cuando la interpretación de una experiencia cambia de una percepción a otra. Muy parecido a ver un dibujo de “ojo mágico”.

Una forma muy efectiva para ver el cambio gestáltico en los asuntos raciales de América es reconocer no solo la esclavitud y la segregación, sino el largo tiempo que estas instituciones duraron y cuán entretejidas están en la fábrica de América. Para poner esto en perspectiva histórica, la esclavitud empezó en 1619 (o antes) y perduró legalmente hasta 1865, aunque en la práctica continuó mucho tiempo después. Esto significa que la institución de la esclavitud duró 246, que es más de los 245 años que América ha sido un país independiente (1776‒2021). La matemática es clara. La esclavitud en Norte América ha existido mucho más tiempo que el tiempo que los Estados Unidos ha sido un país independiente. Si añadimos los 100 años adicionales de segregación sancionada por el gobierno federal (1865–1965 si uno incluye el tiempo que tomó para que los africano-americanos conquistaran el derecho a voto), uno termina con 350 años de opresión sistémica que van más allá de los 245 de la vida del país. Esto significa que la esclavitud y la segregación ocupan el 143% de la historia del país. Si se compara esto con los 50 años de la “supuesta” igualdad racial, uno ve que el peso de la historia habla en contra de la imagen dominante de América que la describe como no racista.

Además, la esclavitud fue un componente central del motor económico de América y sigue explicando las disparidades que vemos entre negros y blancos en asuntos como riqueza, educación y oportunidad. Aunque la centralidad de la esclavitud en la economía del sur del país está bien documentada, a menudo se ignora cómo moldeó la economía de todo el país.

Seth Rockman, autor de Slavery’s Capitalism, argumenta que el algodón ocupaba el 50-60% de las ganancias de exportación de todo el país. El algodón era el producto primario en “el corazón de la revolución industrial”.4 Más que cualquier otra industria, fue la esclavitud la que puso a América en una posición dominante en la economía global y eventualmente allanó el camino para “iteraciones más reconocibles del capitalismo industrial y financiero a fines del siglo XIX y del siglo XX”.5 De modo que, muchos de los privilegios que hoy disfrutamos, especialmente como gente blanca, provienen en gran parte de la esclavitud. Por la misma razón, generaciones de negros fueron impedidos de cosechar los mismos beneficios, colocándolos en una posición de desventaja desde el principio.

Pero lo peor de todo es que estas prácticas estaban firmemente fundadas en compromisos ideológicos que eran parte de la visión europea y americana desde el principio. Esta ideología encontró lugar en los documentos que definieron a nuestro país.

Por ejemplo, una vez que los estados del sur cometieron secesión y unas semanas antes de la Guerra Civil, Alexander H. Stephens (vicepresidente de la confederación), entregó una proclama en Savannah, Georgia, el año 1861. Conocido como “El Discurso Fundacional”, el discurso destacó la fortaleza de la constitución de la confederación, argumentando que mientras que la constitución anterior de los Estados Unidos “descansaba sobre el supuesto de la igualdad de las razas… el nuevo gobierno estaba fundado en la idea opuesta… la gran verdad de que el negro no es igual al hombre blanco y que la esclavitud –la subordinación a la raza superior– era su condición natural y normal”.6 La Supremacía Blanca no es un accidente, sino el fundamento de la Constitución de la Confederación. 

Pero antes de absolver a los estados del norte, consideremos la doctrina de separados pero iguales que la Corte Suprema federal adoptó 35 años después del “Discurso Fundacional. Este fallo actuó como la justificación federal para el afianzamiento de las leyes Jim Crow y otras prácticas segregacionistas en todo el país. Además, hay que tener en cuenta las enmiendas 13 y 15 de la Constitución. Mientras que la primera se alaba como la enmienda que terminó con la esclavitud, la gente olvida que contiene un detalle significativo: “excepto como castigo por un delito del cual la persona haya sido debidamente condenada”. Esta salvedad abrió la puerta para justificar la práctica del “arriendo de convictos” después de la abolición y se argumenta que todavía se usa para justificar el sistema de justicia criminal de hoy.7 Segundo, mientras que la enmienda 15 del año 1870 pareciera prohibir la “discriminación racial en la votación”, recordemos que casi cien años después, Martin Luther King, Jr. todavía luchaba para conseguir el derecho a voto en 1965.

¿Cuál es nuestra responsabilidad cristiana ante todo esto? En la misma forma en que existe una imagen dominante de América que requiere un cambio gestáltico que nos ayude a ver el racismo, también hay una forma dominante de ver la Biblia que también necesita un cambio a fin de que veamos nuestra responsabilidad como cristianos en los asuntos raciales. Mientras tanto, lo mejor que podemos hacer, como americanos que se preocupan, es votar. Podemos marchar por las calles, podemos expresar nuestras convicciones en los medios sociales, podemos expresar nuestro dolor por la condición de nuestro país, pero si no elegimos gente que represente estas preocupaciones, jamás lograremos un cambio sustancial. En nuestro país, el cambio se produce a través de la voz de los gobernados, y las voces más fuertes son las que se expresan al votar. Mientras que la elección presidencial ha pasado, vendrán las elecciones del senado. Los animo a votar con su consciencia. 


David J. Brewer, PhD, es presidente de Hudson Taylor University.


[1] Senador John Kennedy, The Confirmation Hearing for Amy Coney Barret, October 14, 2020.  https://www.youtube.com/watch?v=4qAGlCKKHL4

[2] Juliana Menasce Horowitz, “Most Americans say the legacy of slavery still affects black people in the U.S. today,” Pew Research Center, 2019. https://www.google.com/amp/s/www.pewresearch.org/fact-tank/2019/06/17/most-americans-say-the-legacy-of-slavery-still-affects-black-people-in-the-u-s-today/?amp=1

[3] prri.org

[4] Seth Rockman, Slavery’s CapitalismA New History of American Economic Development (Pennsylvania, PA: University of Pennsylvania Press, 2016) 5-6.

[5] Ibid.

[6] Alexander H. Stephens, “Speech Delivered on the 21st March, 1861 In Savannah, Known as the ‘Corner Stone Speech,’”  The Savannah Republican, 721.

[7] See: 13th, documentary, directed by Ava DuVernay, released September 30, 2016. Kandoo Films. Distributed by Netflix.