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¿Qué dice la Biblia en cuanto a la “paz”?

La palabra shalom en hebreo significa paz y describe la armonía entre la humanidad y toda la creación de Dios. Foto de RÜŞTÜ BOZKUŞ, cortesía de Pixabay.
La palabra shalom en hebreo significa paz y describe la armonía entre la humanidad y toda la creación de Dios. Foto de RÜŞTÜ BOZKUŞ, cortesía de Pixabay.

Shalom es una palabra hebrea que traducimos como paz. La palabra shalom no se usa para hablar de la calma que uno siente o de la ausencia de conflicto. Más bien, shalom es el resultado de relacionarnos correctamente con Dios, unos con otros y con la creación. El concepto de paz es un estado de unidad completa en todo aspecto de la vida.

En 1986, el Concilio Metodista Unido de Obispos emitió la declaración “En Defensa de la Creación”, donde se describe el fundamento bíblico de lo que es la paz:

“Al centro del Antiguo Testamento se ubica el testimonio del shalom, esa maravillosa palabra hebrea que significa paz. Pero la paz expresada por shalom no es negativa o unidimensional. Es más que la ausencia de la guerra. Shalom es paz positiva: armonía, plenitud, salud y bienestar en todas las relaciones humanas. La paz es el estado natural de lo que es la humanidad como creada por Dios. Es armonía entre la humanidad y toda la buena creación de Dios. Toda la creación está interrelacionada. Toda criatura, todo elemento, toda fuerza de la naturaleza participa en la totalidad de la creación. Cuando a alguna persona se le niega el shalom, la totalidad de la creación es así disminuida” (Peace with Justice Sunday and Special Offering, 2016 Book of Resolutions)

En el Nuevo Testamento, Pablo empieza sus cartas diciendo algo como: “Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz” (Filipenses 1:2, NVI). Los obispos explican que “las cartas de Pablo anuncian que Jesucristo es “nuestra paz… derribando… el muro de enemistad que nos separaba” (Efesios 2:14).

Los metodistas unidos reconocen que “la tierra de Dios sufre en sus ansias por la paz. Las luchas domésticas, la violencia y abuso interpersonal, el conflicto cívico, los enfrentamientos étnicos y raciales, los cismas religiosos y la rivalidad entre religiones, ataques terroristas, guerras entre las naciones y las amenazas del uso de armas nucleares, químicas y biológicas —todo esto nos previene de lograr el shalom de Dios”.

“La Biblia hace de la justicia una compañera inseparable de la paz (Isaías 32:17; Santiago 3:18). La paz y la justicia apuntan a relaciones justas y sostenibles en la sociedad humana, la vitalidad de nuestras conexiones aquí en la tierra, así como el bienestar e integridad de la creación. El separar la paz de la justicia es comprometer la esperanza de que la justicia y la paz lograrán abrazarse (Salmo 856:10)”.

¿Cómo luce la paz? Cuando hay paz, no hay hambre. Cuando hay paz, nadie es abandonado a valerse por sí mismo. Cuando hay paz, nos ayudamos mutuamente para prosperar. Cuando hay paz, se celebran las diferencias como dones para el bien común. Cuando hay paz, ninguna amenaza externa nos previene de vivir la plenitud de nuestras vidas. Cuando hay paz, hay todo fundamento para el gozo.

Cuando oramos por paz y nos ofrecemos unos a otros la paz de Cristo, nos convertimos en canales de la interminable paz de Dios que reconfigura el mundo hacia la plenitud.

Cuando actuamos en el espíritu de Cristo, podemos “sembrar amor donde hay odio, perdonar donde hay injuria, arrojar luz donde hay oscuridad. Como instrumentos de paz y justicia, tratamos de reemplazar la discordia con la armonía y reparar el quebrantamiento que destruye la plenitud del shalom”.

Las cartas de Pablo nos aseguran que la paz no es algo que tengamos que esperar a que venga en algún futuro indeterminado. Dios derrama su paz sobre nosotros ahora mismo. Los obispos nos recuerdan que, “no importa cuán mala sea la situación, la obra creativa de Dios continúa. La resurrección de Cristo nos garantiza que la muerte y la destrucción no tienen la última palabra. Pablo enseñó que a través de Jesucristo, Dios ofrece redención a toda la creación y que reconcilia todas las cosas ‘tanto las que están en el cielo como las que están en la tierra’ (Colosenses 1:20). El Espíritu de Dios está siempre obrando en todo lugar del mundo, peleando contra la pobreza, restaurando la salud, renovando la creación y reconciliando a la gente”.

El contenido de este artículo fue producido por Ask The UMC, un ministerio de Comunicaciones Metodistas unidas.