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La comunidad y lo mejor de nosotros mismos

Una bicicleta amarilla proveyó de una relación y conexión
Una bicicleta amarilla proveyó de una relación y conexión

Relaciones, no proyectos

Esto es lo que mantengo presente cuando me involucro en cualquier tipo de ministerio.

Es muy fácil llevar a cabo un proyecto de servicio y hacerlo para y por otra gente, en lugar de conectarse y participar con la gente.

Menciono esto porque soy una persona introvertida. Hay muchos introvertidos que han sido llamados al ministerio. Es como si Dios tuviese un sentido del humor extraño, porque el ministerio es un esfuerzo que requiere mucha interacción a nivel personal. Mi tendencia natural es tratar de terminar un evento con la mínima interacción con otras personas. Cuando tengo la oportunidad de visitar una iglesia, mi tendencia es escoger una iglesia grande donde puede pasar desapercibido, donde pueda sentarme atrás para sólo interactuar con la gente que lo saluda a uno en la puerta. Ya sé…

Servía en una iglesia de un barrio de Los Ángeles y habíamos realizado bastantes esfuerzos de alcance para los desposeídos sin hogares.

Con todo, todo el trabajo que hacíamos parecía incompleto, al menos para mí. Estaba consciente del trabajo que estábamos haciendo y del problema que queríamos solucionar, pero no tenía idea a quién servíamos. Seguía teniendo una molesta sensación de que todo era transaccional y no una relación. Esto ocurría por mi deseo de aislarme de la gente. No podía culpar a los que planificaban los eventos.

Durante la temporada de la cuaresma, nuestra iglesia hizo un estudio acerca de lo que significa amar al prójimo, particularmente a aquellos que la sociedad descuida o ignora. El estudio vino acompañado de una serie de sermones

Compartí con mi grupo pequeño que quería centrarme en amar al prójimo que no tiene hogar. Compartí con el grupo en cuanto a mis luchas entre proyectos versus relaciones; servicio transaccional versus servicio relacional. Les conté cómo seguía evitando el contacto con la gente. Lo compartí sólo porque era mi turno de compartir algo. Me molestó que el grupo empezara a hacerme preguntas y a criticarme.

¿Cuáles son las maneras en que tú podrías ser más relacional en nuestro ministerio de alcance?

¿Qué cosas podemos hacer para ayudarte a contactarte con la gente que servimos?

¿Qué cosas puedes hacer para ser más relacional por tu propio esfuerzo?

Sin pensar, a la última pregunta respondí mencionando un lugar de la ciudad donde se congrega toda la gente sin hogar. Siempre quise entablar relaciones allí pero nunca fui para allá.

Entonces quienes creía eran mis amigos me hicieron una pregunta hiriente:

“¿Por qué no?” “¿Qué te detiene?”

No estaba preparado para un ataque así.

La verdad era (al menos 75% de la verdad) que no tenía medios para llegar a dicha área. Mi esposa y yo compartíamos un automóvil, y ella tiene que manejar 20 minutos a su trabajo, mientras yo podía caminar sólo 10 minutos a la iglesia (esto fue antes de que Uber y Lyft aparecieran). El lugar de los desposeídos estaba demasiado lejos para caminar.

Entonces un miembro del grupo que era un ávido ciclista me dijo: “Pero es sólo media hora si vas en bicicleta, me parece. Quizá solo 10 minutos. No es tan pesado, ¿cierto?”.

“No es tan pesado”, dije, sólo porque no tenía una bicicleta ni pensaba comprar una.

Y hasta allí llegó todo ese día.

Pero al día siguiente, recibí una llamada de uno de los miembros del grupo pequeño. Era el ávido ciclista. Me dijo que estaba frente a mi apartamento y que quería verme. Así que, salí a encontrarlo y lo encontré parado junto a una bicicleta amarilla de montaña. Lo saludé un poco confundido, y dije: “qué bien, ¿te compraste una nueva bicicleta? ¿Viniste hasta aquí en bicicleta? ¿Qué pasa?”

“No, esta bicicleta es para ti”, respondió.

Me explicó que tenía tantos repuestos y partes de bicicletas en su casa, que fácilmente podía construir dos bicicletas, y que después de la discusión en la noche anterior, él pensó que yo podía usar una.

Aprendí la palabra japonesa arigata-meiwaku, que describe el sentimiento que uno tiene cuando alguien le hace un favor que uno no desea y que podría causar problemas, pero que uno tiene que actuar como si estuviese agradecido.

Entonces me dijo: “Si tomas las rutas para bicicletas, llegarás allí en 30 minutos, dependiendo de cuán rápido vayas. A mí me tomó 25 minutos. Así que, ve y haz lo que querías”.

La siguiente semana, cuando me volví a juntar con el grupo pequeño, el ciclista “amigo” me preguntó: “¿Tuviste la oportunidad de conectarte con alguien?

No había hecho nada todavía, así que me sentí tremendamente culpable por no haberlo hecho después de todo el amor, tiempo y esfuerzo que mi amigo mostró construyéndome una bicicleta (que yo no había pedido).

De hecho, mi culpa fue lo suficientemente fuerte como para empujarme a no desilusionarlo la semana siguiente (no que lo logré).

Esto es lo que ocurre con la comunidad: nos llama a cuentas. Nos fuerza a ser la mejor versión de nosotros mismos.

Primero fui a esa parte de la ciudad a causa de una mezcla de culpa y obligación hacia mi grupo pequeño, particularmente el ciclista. Pero esa era la forma en que el Espíritu Santo trabaja tiempo extra para despejar mi densa cabeza.

Mis excursiones cada semana me dieron la oportunidad de entablar relaciones y hacer amigos, gracias a mi grupo pequeño. Empecé a ver caras familiares cuando trabajamos en la misión local de rescate o cuando la iglesia realizaba su ministerio de alcance.

Mi grupo pequeño me empujó a conocer y amar al prójimo. Pero más importante, me ayudaron a ser un buen prójimo hacia los nuevos amigos que conocí.

Tengo gran fe en los grupos pequeños. Como Andy Stanley dijo una vez: la formación en la fe ocurre en círculos, no en filas, con lo cual quiso decir que nuestro sentido de comunidad debe ser más profundo que la reunión del día domingo por la mañana.

Si su iglesia ya tiene un ministerio de grupos pequeños, tenga el valor de unirse a uno de estos grupos. Si no, empiece un ministerio así. Hay muchos recursos para ayudarlo a empezar un ministerio de grupos pequeños. Una forma fácil de hacerlo es formar un grupo que se comprometa a leer un libro y a juntarse para discutirlo, lo que hoy tenemos que hacer por Zoom o guardando la distancia adecuada. Recuerde que los círculos son mejores que las hileras. 


Joseph Yoo se mudó de la costa oeste para vivir feliz en Houston, Texas, con su esposa e hijo. Sirve en Mosaic Church, Houston. Visite josephyoo.com