Other Manual Translations: English

Directrices teológicas

Nuestra travesía de fe

Jesús hizo una invitación sencilla a sus primeros discípulos. “Síganme”, les dijo. Cuando aceptaron, viajaron con él mientras enseñaba, sanaba y alimentaba a la gente. También estuvieron con él cuando fue arrestado y crucificado y cuando resucitó.

Al tiempo que seguían a Jesús, antes y después de su resurrección, los discípulos lo conocieron, fueron transformados por sus enseñanzas y maduraron en su relación con él. 

Hoy recibimos esa misma invitación de Jesús. Aprendemos y maduramos al leer la Biblia, orar y adorar y al cuidar y servir a otros.

Juan Wesley escribió que “Los metodistas [son] un pueblo que va en pos de… la santidad de vida y corazón”. Los metodistas unidos continuamos con esa tradición de seguir a Jesús con nuestros corazones y vidas. Expresamos nuestra fe por medio del amor a Dios y al prójimo, al participar activamente en la obra de Dios en nuestras vidas y en el mundo hoy en día.

Nuestra travesía teológica

Cuando pensamos en nuestra fe y la estudiamos, estamos haciendo teología. Todos nosotros, tanto clero como laicos, debemos participar en esta obra como parte de la comunidad cristiana.

Para ayudarnos a cumplir fielmente esta tarea, La Iglesia Metodista Unida identifica cuatro herramientas útiles que llamamos nuestras directrices teológicas. Estas son las Escrituras, la tradición, la experiencia y la razón. Veamos cada una de ellas.

Escrituras

La Biblia es nuestra fuente principal de consulta teológica. Los Artículos de Religión de la Iglesia Metodista afirman que las Sagradas Escrituras contienen “todo lo necesario para la salvación” (Libro de Disciplina ¶104.3). Wesley pidió a los primeros metodistas que “buscaran en las Escrituras”, lo que más comúnmente llamamos estudiar la Biblia.

En nuestra lectura y búsqueda en las Escrituras, aprendemos la historia de Dios, la creación y la humanidad. Conocemos a Jesús, por cuya vida, muerte y resurrección recibimos perdón por nuestros pecados. Nos encontramos con el Espíritu Santo, que nos guía hoy en nuestras vidas.

Lee más sobre la autoridad de las Escrituras en El Libro de Disciplina.

Tradición

Entendemos que, como cristianos hoy en día, formamos parte de una larga tradición de personas que con el paso de los siglos han mantenido una relación con Dios. Tomamos en serio los comentarios, credos, himnos, adoración, oraciones, arte y acciones de quienes nos precedieron en diferentes tiempos, lugares y culturas. Esa larga tradición nos transmite quiénes somos como pueblo de Dios y cómo Dios nos llama a vivir en nuestro tiempo, lugar y cultura. No leemos la Biblia y desempeñamos nuestra tarea teológica en un vacío, sino como parte de la Iglesia con el paso de los siglos y por todo el mundo.

Lee más sobre el testimonio de tradición de El Libro de Disciplina.

Experiencia

Los metodistas unidos también entienden que cada uno de nosotros tiene su propia experiencia singular con el Dios Trino. Reconocemos que llevamos todo nuestro ser a nuestra fe, incluyendo las experiencias corporativas y personales que nos han moldeado. El Libro de Disciplina reconoce que: “Toda experiencia religiosa tiene un efecto en toda experiencia humana; toda experiencia humana afecta nuestro entendimiento de la experiencia religiosa".  

Lee más sobre el papel de la experiencia personal en El Libro de Disciplina.

Razón

Aunque reconocemos que gran parte de nuestra fe va más allá de la razón, creemos que los dones de razonamiento que recibimos de Dios son una herramienta que debemos incorporar a nuestra fe. No hacemos de lado nuestra forma de pensar al leer la Biblia, compartir los Evangelios, hacer preguntas y buscar respuestas.

Lee más sobre la razón en El Libro de Disciplina.

4 herramientas trabajando juntas

Estas cuatro herramientas trabajan en conjunto, con las Escrituras teniendo siempre la mayor importancia. El Libro de Disciplina lo resume: “En la reflexión teológica, los recursos de la tradición, la experiencia y la razón son esenciales para nuestro estudio de las Escrituras sin desplazar la prioridad de las Escrituras en la fe y la práctica. Estas cuatro fuentes —cada una haciendo su propia contribución distintiva, aunque al final trabajan juntas— guían nuestra búsqueda como metodistas unidos de un testimonio cristiano vital y apropiado” (¶105.4).