Para la Iglesia Metodista Unida, esta observancia ofrece la oportunidad de reconocer las historias, culturas y contribuciones de las comunidades hispanas y latinas. Pero para aquellos que han vivido y servido entre estas comunidades, la celebración puede significar mucho más que un evento cultural. Puede convertirse en la oportunidad de aprender historia, escuchar las voces que a menudo han sido desatendidas y entablar relaciones que continuarán todo el año.
La historia detrás de la celebración
Cada año, del 15 de setiembre al 15 de octubre, los Estados Unidos celebra el Mes de la Herencia Hispana. Se dio comienzo a la celebración el año 1968 como la Semana de la Herencia Hispana y después fue extendida a todo un mes en 1988. Estas fechas conmemoran, entre otros, el aniversario de la independencia de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, lo que viene precedido por Brasil y seguido por México y Chile.
La Rvda. Dorlimar Lebron, que fuera pastora de la Primera Iglesia Metodista Unida en español de East Harlem (Nueva York), cree que la conversación debe empezar con la historia. Nos dice que la experiencia hispano y latina en los Estados Unidos está ligada al colonialismo, a la intervención política y económica, a la migración y el desplazamiento. Estas cosas no deben ocultarse detrás de una celebración cultural.
Llama a la Iglesia a “decir la verdad acerca de cómo llegaron aquí nuestras comunidades, las cosas que sufrieron, lo que hemos creado y aquello a lo que todavía luchamos por llegar a ser”.
El obispo Héctor Burgos Núñez, líder puertorriqueño episcopal del área Susquehanna-Upper New York, nos recuerda que el Mes de la Herencia Hispana surgió a causa de una creciente conciencia de que las comunidades hispanas y latinas a menudo habían sido del todo ignoradas. Antes de convertirse en obispo, Burgos fue pastor de tres iglesias en New Jersey, fue director de ministerios y superintendente de distrito. Nos dice que honrar la herencia también significa cuestionar las narrativas culturales dominantes que excluyen la historia de otras culturas.
La Iglesia Metodista Unida conmemora oficialmente el Mes de la Herencia Hispana como una de sus celebraciones patrimoniales. El sitio web UMC.org nota que tales celebraciones ofrecen la oportunidad de aprender y crecer, aunque también conlleva el riesgo de caer en estereotipos, turismo cultural o apropiación cultural cuando la gente cuya herencia se celebra no participa de una manera auténtica.
La comida puede ser un punto de partida, pero no la totalidad de la celebración
La Rvda. Dra. Lydia Muñoz, que ha dirigido el Plan para el Ministerio Hispano/Latino en la denominación, reconoce el valor de las celebraciones culturales, pero advierte en contra del peligro de reducirlas a comida, música, banderas, vestimenta y un evento especial durante un mes.
Nos comparte que una celebración auténtica comunica algo más profundo: “Estamos aquí. Nuestras historias son importantes. Nuestra fe es importante. Nuestras contribuciones importan”. Las culturas, lenguas, música y expresiones de fe dentro de las comunidades hispanas y latinas son un don para todo el cuerpo de Cristo.
El Rev. Juan Marcos Garay, pastor de la Comunidad Grace en Fish Hawk-Lithia, Florida, se acuerda de las celebraciones de su niñez en la Iglesia Metodista Unida el Buen Samaritano, donde las familias compartían carne asada, pupusas y arroz con gandules. Esas celebraciones le enseñaron que una mesa multicultural puede convertirse en un lugar donde las culturas aprenden unas de otras.
Propone mantener la mesa, pero para usarla como puerta de entrada. Sugiere que cada celebración debería venir acompañada de formación. Además de comer, debemos enseñar la historia para ayudar a que las nuevas generaciones entiendan por qué existe la celebración y qué experiencias la hicieron posible.
Una herencia, muchas historias
Uno de los desafíos más grandes es evitar presentar a las comunidades hispanas y latinas como si representaran una cultura única. Nuestras comunidades incluyen gente de muchos países, generaciones, trasfondos raciales, lenguas, experiencias migratorias y situaciones económicas. También se dan diferencias significativas entre las experiencias de los afrolatinos, los indígenas, los mestizos y otros grupos hispanos y latinos.
La obispa jubilada Minerva Carcaño sirvió como pastora en Texas, Nuevo México y California. También fue obispa de las conferencias California-Pacífico y California-Nevada. Nos recuerda que una sola congregación hispana puede acoger gente de muchos países. Por esa razón, subraya la importancia de aprender las historias particulares de las comunidades locales, en lugar de asumir que una sola experiencia representa a todos.
Carcaño recuerda que cuando niña las iglesias metodistas unidas de habla hispana consideraban las celebraciones de la herencia hispana como algo demasiado secular, extraño o asociado con el catolicismo. Más tarde, en su calidad de superintendente de distrito y obispa, fomentó dichas celebraciones porque llegó a comprender que conocer las historias de los demás puede ayudar a entablar relaciones auténticas.
Dicho conocimiento debe incluir no solo las luchas de las personas, sino sus esperanzas, fe, aspiraciones y experiencias con Dios.
Recordando las heridas
La historia no puede reducirse a una lista de logros. Muñoz insiste que el Mes de la Herencia Hispana debe incluir el que se mencione la colonización, racismo, migración, desplazamiento y explotación económica, así como la resistencia, creatividad, fe, familia y esperanza.
El Rev. Jorge Rodríguez, pastor y teólogo hondureño, levanta una pregunta fundamental: ¿Qué estamos celebrando realmente? Le preocupa que la comercialización puede convertir a la herencia cultural en solo colores, música, comida e imágenes agradables sin abordar las historias de trasfondo.
Rodríguez llama a la iglesia a que recobre la historia de la resistencia, esto es, la sobrevivencia de los pueblos indígenas, la resistencia afrolatina contra la esclavitud y el racismo, las luchas de los agricultores y trabajadores, los movimientos sociales y la experiencia del inmigrante. Argumenta que “la celebración debe recordar la resistencia” para escuchar las voces que históricamente han sido relegadas a los márgenes.
Esto no significa abandonar la música, la comida y los símbolos culturales. Significa colocarlos en el marco de una historia más amplia que le otorga significado.
Celebrando en tiempos de incertidumbre
Esta dimensión cobra importancia gravitante ahora que las familias inmigrantes experimentan incertidumbre respecto a su seguridad, futuro y estabilidad económica. La Rvda. Dorlimar Lebron observa que cuando se reduce a la gente a simples estadísticas, amenazas o problemas políticos, suena contradictorio invitarlos a celebrar su herencia, mientras que ignoramos las circunstancias que afectan sus vidas.
El obispo Héctor Burgos Núñez afirma que el momento actual le exige a la iglesia moverse de la celebración como exhibición cultural hacia una práctica que afirme la dignidad y sentido de pertenencia de las personas, para reconocer también la injusticia y amplificar las voces de quienes viven estas realidades.
Esto no exige que la congregación convierta el Mes de la Herencia Hispana en una afirmación política, pero levanta un pregunta teológica y pastoral: ¿Cómo está respondiendo nuestra fe a la gente que realmente forma parte de nuestras comunidades?
Muñoz describe este movimiento como una transición de la celebración al acompañamiento. Las iglesias pueden empezar a escuchar a los pastores, líderes comunitarios, empresarios, educadores, padres de familia, gente joven y organizaciones que sirven al inmigrante. La pregunta fundamental no es simplemente qué evento quiere la iglesia organizar, sino que va a aprender, entender y a quién acompañará.
Pasar del evento a la relación
Garay afirma que este enfoque quedó plasmado en el consejo que recibió de la obispa Carcaño: “Mijo, simplemente camina junto a tus hermanos inmigrantes. No des por sentado lo que necesitan”.
Este principio también puede servir de guía para el Mes de la Herencia Hispana. En lugar de empezar con un programa diseñado por la congregación, empiece con las personas y relacionándose con a ellas. Las necesidades surgirán mientras uno escucha y acompaña a la gente, en lugar de una estrategia diseñada de antemano.
Esto también significa reconocer al liderazgo hispano dentro de la Iglesia Metodista Unida. Burgos exhorta a las congregaciones a incluir a los líderes hispanos y latinos del clero y del laicado, así como a jóvenes y ancianos, en la planificación de celebraciones, en lugar de invitarlos a participar en un programa ya estructurado.
La participación va más allá que pedirle a alguien que cocine, cante o baile. Puede incluir la predicación, enseñanza, liderazgo de adoración, toma de decisiones, formación, inversión financiera y colaboración comunitaria.
¿Qué puede hacer la congregación?
La experiencia de estos líderes apunta a varios principios simples:
Conozca antes de organizar. Entérese de cuáles son las comunidades hispanas y latinas de su área. Aprenda sus historias y de las organizaciones que ya están trabajando con ellas.
Escuche a las voces de la comunidad. Invite a los líderes latinos a que desde el principio ayuden a definir metas y actividades.
Enseñe la historia. Conecte la música, comida y tradiciones con las historias de migración, resistencia, fe, trabajo y contribución que dan sentido a todo.
Reconozca la diversidad. Evite presentar a una nacionalidad o cultura como representativa de todo el pueblo hispano y latino.
Deje espacio para la alegría y el lamento. Celebre los logros sin borrar las heridas históricas, ni los desafíos de hoy.
Transforme la celebración en relaciones personales. Busque maneras de acompañar a las comunidades por todo el año, y no sólo de septiembre a octubre.
Conecte la fe con la vida. Estudie las realidades que enfrentan las comunidades inmigrantes a la luz de la Escritura, los Principios Sociales y las Resoluciones metodistas unidas, y desarrolle respuestas pastorales y comunitarias cuando surjan necesidades concretas.
La tradición wesleyana de caminar a nuestro prójimo
El llamado de ir más allá de la celebración tiene profundas raíces en la tradición wesleyana. Para Juan Wesley, no se puede separar el amor a Dios del amor al prójimo. Desde los inicios del movimiento metodista, Wesley y sus seguidores visitaron a los encarcelados, cuidaron de los pobres, enseñaron a los niños y proveyeron de alimentos y ayuda práctica para los necesitados. Las obras de la piedad y las obras de misericordia no eran expresiones contrapuestas de la fe, sino parte de la misma vida cristiana.
Este legado ofrece una perspectiva wesleyana para entender el Mes de la Herencia Hispana. Su propósito no es tan solo aprender acerca de otra cultura, sino acercarse a las personas, conocer sus historias, compartir sus alegrías y luchas, y responder a las necesidades que surjan durante la relación. El ministerio de Wesley demostró la voluntad de ir más allá de las paredes de la iglesia para encontrarnos con la gente allí donde estén.
Desde esta perspectiva, el Mes de la Herencia Hispana puede convertirse en una expresión contemporánea de la vocación wesleyana: aprender para entender, entender para acompañar, y acompañar para servir.
La celebración empieza en septiembre, pero su significado más profundo se pone a prueba después del 15 de octubre, cuando la congregación decide si seguirá caminando con la gente y las comunidades que ha llegado a conocer.
Lebron lo expresa desde la experiencia de personas que han encontrado un hogar cultural y espiritual en la iglesia: “Nuestro pueblo no es el tema para un solo mes. Somos parte de la iglesia”.
Muñoz nos recuerda que si todo vuelve a lo normal después de la celebración, el Mes de la Herencia Hispana corre el riesgo de convertirse en solo otra fecha más del calendario de la iglesia. Pero si esto nos lleva a entablar relaciones, a la solidaridad, la inversión y una comunidad donde las diferentes culturas encuentran voz y pertenencia, entonces podría convertirse en una expresión más profunda de lo que significa ser el cuerpo de Cristo.
Por tanto, no se invita a la Iglesia Metodista Unida a que celebre las comunidades hispanas y latinas como si fueran personas ajenas a nosotros, sino a que las reconozcamos como parte del mismo cuerpo de Cristo. Es una invitación a que permitamos que sus historias, fe y experiencias ayuden a transformar la vida de toda la iglesia.
Nota editorial: Este artículo fue desarrollado con las contribuciones de Rvda. Dorlimar Lebron, obispo Héctor Burgos Núñez, Rvda. Dra. Lydia Muñoz, obispa Minerva Carcaño, Rev. Jorge Rodríguez, y Rev. Juan Marcos Garay.
El Rev. Gustavo Vásquez es coordinador de Relaciones Hispano-Latinas de Comunicaciones Metodistas Unidas. Para consultas a UM News, contáctese (615) 742-5470 o [email protected].