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Vida y fe en transición

El dejar ir se siente como abrazar el vacío
El dejar ir se siente como abrazar el vacío

¿En qué se está transformando su vida? El Covid-19 y sus secuelas han cambiado la vida de muchos de nosotros. ¿Ha tomado su vida una dirección distinta a la que tenía unos meses atrás?

Me acuerdo cuando en junio de este año me sentaba en mi pequeño balcón de mi primer apartamento. Miraba la puesta del sol sobre la montaña Lookout. En mi falda sostenía un lienzo para mi siguiente pintura. Pero este lienzo no estaba vacío, sino que contenía un barato estampado producido comercialmente que mostraba un globo flotando en el aire con las palabras “déjalo ir”. Lo pinté blanco y entonces me puse a pensar: Este apartamento, todavía mayormente vacío, al que me acabo de mudar y este lienzo recién pintado de blanco son metáforas muy adecuadas. Hay muchas cosas que debo dejar ir. Hay mucho espacio vacío en mi apartamento, en este lienzo y en mi vida. Estoy transitando hacia algo nuevo pero todavía no sé qué es.

La desconstrucción de antiguos modelos

Let it go canvas painting

En mi segundo año de universidad, que terminó con la pandemia, mi vida estaba llena: Llena de gente, de relaciones amorosas, murallas pintadas, oportunidades inesperadas y aventuras. Sin embargo, encontré que esto no era del todo satisfactorio. No podía sostenerme o llenarme. Tenía este constante sentimiento de vacío, aunque mi vida exterior contaba otra historia. Cada vez que iba a pintar un mural de noche, este sentimiento de vacío me acompañaba hasta el edificio. Incluso cuando llenaba las murallas vacías con colores vibrantes, dentro de mí trataba de pintar mi descolorido corazón. Traté de llenar el vacío por medio de realizar cosas e ir a lugares.

Hasta este momento la universidad ha sido un periodo de deconstrucción espiritual. Abandoné las creencias cristianas con las que crecí y busqué respuestas que sentía la iglesia no podía darme. Al empezar mi segundo año me identifiqué como agnóstica pero todavía no estaba contenta con el lugar donde estaba en mi vida espiritual ni con este sentido persistente de vacío.

Pero después vino la pandemia y de repente ya no hubo más cosas que realizar ni lugares donde ir. Más bien tuve que dejar ir muchas cosas. Terminé con una relación. Mis proyectos creativos fueron pospuestos. Mis clases pasaron a darse por internet. Se cancelaron mis planes para el verano. Se disolvieron las comunidades a las que quería unirme. Me tuve que ir a casa.

La semana pasada, encontré que alguien con quien crecí murió de una sobredosis. Aunque no éramos amigas íntimas, me conmovió el ver fotos que la gente publicaba de nosotras en la playa cuando niñas. Me trastornó en parte por lo mucho que me parezco a ella. Me pregunté si ella también luchaba con el vacío.

Me pregunto si Dios puede hablar a mi vacío.

Reconstrucción

El desafío de la deconstrucción:

Confiar que Dios llenará el vacío.

En casa, durante el cierre social, empecé a desarrollar un amor más profundo por mi familia, amigos y mí misma. Usé este tiempo y espacio en blanco para examinar mis hábitos y pensamientos negativos. En lugar de correr a todas partes, tratando de ganarme el afecto y la aprobación de otros, me di cuenta que Dios no me exige ganarme su amor.

Creo que Dios está usando el vacío: La pérdida de mis sueños durante mi primer año de universidad y la incertidumbre de lo que vendrá después. Creo que Dios sacó algo bueno de estas terribles circunstancias. Creo que Dios usó este tiempo como una oportunidad para ayudarme a hacer una pausa, reflexionar y empezar otra vez. Creo que Dios vio mi vida quebrantada y quiso repararla; Dios vio el vacío y quiso llenarlo. Quizá todo lo que he necesitado todo este tiempo es reconciliarme con Dios.

Ahora estoy pensando en qué voy a pintar en este lienzo en blanco. Estoy esbozando el edificio de mi apartamento. En medio de todos los sueños que nunca se hicieron realidad, este apartamento es un don de Dios. Dios me entregó este espacio para echar raíces. Es un espacio en el que puedo llegar a ser lo que fui creada para ser. No sé cuál va a ser mi siguiente paso, pero me tengo que recordar a mí misma que, aunque es duro y no sé si lo creo, hay un Dios allá afuera que me ama, un Dios que hizo una luz maravillosa, un Dios que desea que siga la pasión de mi vida, un Dios que desea que crezca fuerte por mí misma pero que siempre estará conmigo.


Madison Myers estudia Mercadotecnia en la Universidad de Tennessee, Chattanooga. Madison ha viajado a la mayoría de los parques nacionales de nuestro país y su meta es visitarlos todos.