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Nuestros niños y la palabra “I”

No fue hasta que llegue a ser un adulto que me di cuenta que no es bueno que a uno se le diga que es inteligente. Cuando era niño escuché muchas veces palabras como “inteligente” y “listo”. Mis padres, abuelos y familia extendida me las decían. Tenían buenas intenciones, pero con el tiempo la palabra “inteligente” se convirtió en una roca alrededor de mi cuello y una montaña más alta que el Everest.

La palabra “inteligente” no solo me identificaba sino que me imponía ciertas expectaciones. Con el tiempo contribuí a esas expectaciones, midiéndome en base a métricas implacables e inquebrantables. Ocurre que muchas veces nuestros peores críticos se alojan dentro de nuestras mentes, y no se van.

Después encontré las ideas de una profesora de la Universidad Stanford en cuanto al tipo de alabanza que más ayuda a los niños. Su idea central me llegó como una epifanía: Los padres no deben llamar “inteligentes” a sus niños repetidamente, sino que deben alabarlos por su trabajo.

Sus razones son muy convincentes.

  • Los niños toman la palabra “inteligente” como un valor fijo. Uno es o no es inteligente. Como esta es una palabra que los padres usan en su amor por sus niños, éstos la toman como si fuere el evangelio.
  • Cuando una niña es calificada como “inteligente”, es posible que ella misma levante expectaciones muy altas, imposibles de alcanzar. Si el niño no logra alcanzar esas metas sentirá que su confianza e imagen se desploman.
  • Otro problema es que el niño o niña cree que es inteligente, creerá que puede avanzar en la vida sin hacer mucho esfuerzo. Es como vivir con un piloto automático que no requiere esfuerzo.
  • La teoría de las 10,000 horas añade más pruebas. Si uno ocupa todas esas horas en practicar una habilidad, es muy probable que uno adquiera una capacidad sustancial. Aunque ese número de horas no es una base definitiva para dominar una habilidad, la idea tiene mucho sentido. La práctica gozosa es la intersección entre trabajo y pasión.
  • El presidente Calvin Coolidge dijo una vez que nada es más común que gente talentosa sin ningún sentido de determinación o esfuerzo. De la misma forma, mucha gente determinada y trabajadora tiene éxito porque trabajaron duro y no porque eran muy inteligentes. Consideremos a Thomas Edison y a muchos otros inventores. Toda su carrera se fundó en prueba y error, perseverancia, y fe obstinada en su misión.
  • Si su niña o niño lucha con algún tema en particular pero se esfuerza, alabe su trabajo. El tiempo que su niña se entregue a vencer un desafío dará frutos en el futuro.

Esto no significa que usted jamás deberá decirle a su niña que es “inteligente”, sino que no haga de esa palabra la norma de cómo la describe. Cuando su niño recibe una excelente calificación o un premio, alabe su esfuerzo y devoción. Ese logro se basa en su trabajo, talento y pasión.

A fin de cuentas, el trabajo se convierte en un tipo de memoria muscular, y un niño perfecciona la habilidad de concentrarse en hacer algo sin darse cuenta. Se convierte en el fundamento de su poder interior, una cualidad que debe edificarse.

Uso este consejo con mis hijos. Todavía los llamó “inteligentes” de vez en cuando, pero mucho más alabo su trabajo y les ayudo a entender que la Biblia espera que perseveremos. Algunos ejemplos:

  • “la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza” (Romanos 5:4 NVI).
  • “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia” (Santiago 1:2-3 NVI).

La vida pondrá a nuestros hijos e hijas bajo muchas luchas (u oportunidades disfrazadas) en todo tipo de situaciones: desde la escuela, las finanzas, las relaciones y más. La cuestión es cómo reaccionamos a los desafíos.

Durante estas conversaciones, tome un momento para proveer de guía clave que sea útil a todas las edades. La perseverancia es el fundamento de todo logro y crecimiento espiritual. La determinación potencia los avances del mundo. El empuje y la firmeza de carácter mueven a la gente a tener éxito mientras crecen como personas porque no hay nada más desilusionante que la persona que no busca nuevos horizontes.


Brett McArdle trabaja como gerente de Content and Branding de Comunicaciones Metodistas Unidas. Vive cerca de Nashville con su esposa y dos hijos. Su tiempo libre lo gasta en escribir, mantener su estado físico y discutir cuán grandes son equipo de futbol Alabama Crimson.


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[Publicado 21 de noviembre, 2017]