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‘Jesús lloró’: Buscar el consuelo de Dios en tiempos difíciles

Jesús llorando "se encuentra cerca del sitio conmemorativo en la ciudad de Oklahoma, donde 168 perecieron en el atentado terrorista de 1995. Foto de Ronny Perry, UMNS
Jesús llorando "se encuentra cerca del sitio conmemorativo en la ciudad de Oklahoma, donde 168 perecieron en el atentado terrorista de 1995. Foto de Ronny Perry, UMNS

En ocasiones, ver o leer las noticias puede resultar deprimente. Tratamos de seguir el mandato bíblico de buscar y pensar en lo que es verdadero, respetable, justo, puro, amable, digno de admiración y de elogio (Filipenses 4:8). Sin embargo, las historias que predominan en los medios de comunicación, por lo común nos hacen sentir tristes, frustados e irritados.

Además, pasamos por dificultades personales en casa y en el trabajo, con el gasto, relaciones, enfermedades y muchas otras cosas más.

Recurrimos a nuestra fe en busca de respuestas, pero no es fácil encontrarlas. En su mayoría, nos topamos con preguntas. ¿Qué se supone que deben hacer las personas de fe en medio de tragedias y conflictos abrumadores?

Jesús lloró

El versículo más corto de la Biblia, por lo menos en la Nueva Versión Internacional, tiene solo dos palabras: “Jesús lloró” (Juan 11:35). Aunque solo tiene 11 caracteres, demasiado breve incluso para un tweet, ese versículo guarda una importancia enorme, sobre todo cuando se nos dificulta hallar esperanza.

Jesús llora cuando está consolando a sus amigas María y Marta, que están de luto por la muerte de su hermano Lázaro. Sí, ese Lázaro. El que es famoso por haber sido resucitado por Jesús.

Jesús se encuentra fuera de la ciudad cuando se entera de la enfermedad de Lázaro. En lugar de cambiar sus planes para ir a visitar a su querido amigo (Juan 11:3), Jesús decide quedarse donde está un par de días más. Les dice a los discípulos que la enfermedad de Lázaro de alguna manera será para la gloria de Dios, y que el Hijo de Dios será glorificado por ello (Juan 11:4).

Para cuando llega Jesús, Lázaro ya tiene cuatro días de haber muerto. María y Marta, las hermanas de Lázaro, están comprensiblemente molestas por la falta de interés mostrada por Jesús. Cada una a su forma, le expresan su frustración. Están convencidas que su hermano no habría muerto si Jesús hubiese acudido cuando lo llamaron (Juan 11:21, 32).

En ese momento, mientras observa el dolor de esta familia y comunidad, Jesús empieza a llorar. Hay un debate sobre el motivo de su llanto. Juan no nos lo dice, pero estoy convencido que es por empatía ante el dolor de quienes ama. En ese momento, Jesús sentía la pena de María y Marta, su sensación de impotencia, su dolor y su pérdida. Así que, llora.

Consuelo

Nos consuela saber que no adoramos a un Dios insensible ante la desgracia. El Dios que conocemos en Cristo Jesús siente nuestro dolor y conoce nuestra pérdida. Llora con nosotros.

También adoramos a un Dios que puede soportar nuestra frustración. María y Marta se desahogan, y nosotros también podemos hacerlo. Como en cualquier relación sana, necesitamos ser abiertos y sinceros con nuestros seres queridos, incluso cuando estamos molestos con ellos. Si alguien lo puede soportar, sin duda es Jesús.

También es un recordatorio reconfortante de que, aunque estemos sufriendo una pena y parezca que Jesús está lejos de nosotros, no es porque no nos ame. La Biblia nos dice que amaba a Lázaro, aún cuando no lo libró de su enfermedad.

Una nueva vida

La historia de Lázaro no termina con su muerte. Al pie de su tumba, Jesús lo llama por su nombre y la multitud ve incrédula cómo Lázaro se levanta…vivo. Aunque María y Marta creyeron que Jesús había llegado demasiado tarde para ayudar, aprendemos que para Dios no hay un “demasiado tarde".

Nuestra situación nos podrá parecer desesperada. Es posible que no veamos alguna solución. Tal vez no tengamos idea de cómo salir del lío en el que estamos metidos. Sin embargo, siempre hay esperanza en Jesús. Siempre existe la posibilidad de una nueva vida, no solo algún día en un futuro lejano, sino en esta vida. Ese es todo el propósito de la resurrección de Jesús: una nueva vida hoy, y una nueva vida por venir.

Preguntas

Cuando termino de leer la historia de Jesús que levanta a Lázaro de entre los muertos, aún me quedan dudas. ¿Por qué tuvo Lázaro que pasar por todo esto? ¿Por qué llegó Jesús demasiado tarde para impedir su muerte? ¿Por qué tuvieron María y Marta que sufrir ese dolor?

En las tragedias que vivo y sobre las que leo, también me quedan dudas. ¿Por qué algunos se sienten tan desesperados al grado de quitarse la vida? ¿Por qué las personas de fe reciben diagnósticos médicos devastadores? ¿Por qué no hay un médico o un hospital que haga tanto bien y que esté sobrenaturalmente protegido de las enfermedades? ¿Por qué hay familias golpeadas por el desempleo y por qué hay vidas que se pierden en desastres naturales? ¿Por qué sufrimos?

Aunque no recibamos todas las respuestas que queremos, sabemos que Jesús llora con nosotros.

Preguntas para el debate y la meditación:

  • ¿Has conocido a alguien cuya vida haya cambiado debido a la enfermedad, la tragedia o las dificultades? ¿Cuál fue tu reacción?
  • ¿Cuándo has sentido que Jesús parece distante?
  • ¿Cuándo te has preguntado por qué Dios permitió que algo sucediera o por qué no impidió que ocurriera?
  • ¿Tienes problemas para expresar tu frustración con Dios? ¿Por qué o por qué no?
  • ¿Cómo te ayuda saber que hay alguien que llora contigo cuando estás sufriendo?
  • ¿Alguna vez has llorado por alguien a quien no conoces? ¿Acaso es una reacción útil?
  • ¿Puedes imaginar que Dios tenga sentimientos? ¿Acaso llora, ríe o se enfada?
  • ¿Por qué Dios permite que suframos, batallemos o lloremos la muerte de alguien?
  • Cuando sientes desesperación, ¿qué haces?
  • ¿Acaso Dios te ha dado paz y renovación cuando creías que era demasiado tarde?
  • ¿Cómo te hace seguir adelante la esperanza que tienes puesta en Cristo?

Recursos para seguir leyendo:

*Joe Iovino trabaja para UMC.org en la Comisión Metodista Unida de Comunicaciones. Puedes contacetarlo vía correo electrónico o llamando al 615-312-3733.

Nota del editor: Esta artículo, publicado originalmente el 13 de noviembre del 2014, ha sido actualizado.